miércoles, 20 de noviembre de 2013

El valor de las ideas

Tener una idea es amenazante para los demás.

El valor de las ideas
@morguefile
La creatividad es consustancial a los individuos, tenemos una chispa de creatividad naturalmente, es decir, todos estamos capacitados para crear algo, por lo tanto es el motor que mueve las relaciones, las iniciativas de innovación, la concepción de estrategias. Ahora bien, desarrollar esa capacidad para llevar a cabo una creación productiva ya es otra historia. Casi nunca tenemos en cuenta el valor de las ideas. 


Esta sociedad ha creado un escenario de valoración de las personas donde sólo se mira al mejor, pero ¿cuánto hay de verdad en eso? No siempre están en ese escenario los mejores, ni todos los mejores están allí. Abundan los creativos, innovadores, emprendedores que viven en silencio sus talentos, mientras un grupo de mejores de medio pelo se dan un festín en el banquete del reconocimiento.

¡Tengo una idea! Lo más habitual es que todos queden expectantes ante esta frase, y que la mayoría se prepare para echarlo abajo, para criticarlo sin hacer el más mínimo juicio de valor. En el momento de hacer pública una idea, el sector más hostil es el entorno más cercano, porque son los primeros en conocerla y en opinar. Sin embargo, ese entorno es el mejor barómetro para sacar dos conclusiones: primero, si los amigos o conocidos se ceban con lo que pergeñamos es que la idea tiene un elevado valor, porque de lo contrario lo habrían alentado eufóricos, convencidos del fracaso. Pero al constatar el valor que tiene se empeñan en buscarle anomalías para impedir que fructifique. Segundo, el resultado de esa valoración debe servir para medir la validez del grupo que nos rodea. Si los más críticos con nuestra iniciativa son los amigos, habrá que ver de qué tipo de ellos estamos rodeados, porque si no apoyan nuestra iniciativa, aunque sea por compromiso, probablemente se evaporen en los momentos críticos.

Esta misma situación se reproduce cuando se es portador de una idea nueva ante los posibles inversores o cuando una persona del barrio se convierte en empresario. Las miradas de hostilidad con la iniciativa son inmediatas y, sin quererlo, la persona recibe la carga despectiva que llevan los empresarios. No debería ser así, pero está visto que tener una idea es crear una amenaza para los mediocres que se creen creativos.


Le doy un valor enorme a las iniciativas que crecen ajenos a los ojos críticos del entorno, porque suelen mostrar el valor de la persona, quien lo ha exteriorizado sacando todo lo mejor de sí mismo, que es al final lo importante.