lunes, 25 de noviembre de 2013

La competencia

Competir o morir, pero con decencia.


La competencia
@morguefile
En estos últimos días he asistido a diferentes foros donde se abordaban importantes temas sobre las  empresas, como la convivencia, la creación de redes de ayuda, la falta de apoyo, la voracidad de las grandes multinacionales, etc. Pero de todos el que más ha concitado mi atención ha sido la competencia, porque me ayudó a entender que a veces no es tan importante lo que se quema sino el humo que se provoca.

Siempre escuchamos comentarios y debates sobre las empresas, o las personas que ponen en marcha diversas iniciativas, su implantación en el mercado, sus áreas de influencia, etc., pero haber visto tan de cerca las diversas estrategias, muchas de ellas bastante alevosas, para imponer el producto al mercado, me ha llevado a pensar dos cosas: la primera es la importancia de saber competir, y esto es trasladable a la persona, a la vida diaria, porque entender este término como una forma de llegar al objetivo, sin perder de vista la integridad, la honestidad, el sentido común, es fundamental. 

Lo segundo, saber convivir con los que compiten de forma desleal, porque una cosa es diseñar estrategias propias para competir en un mercado abarrotado de negocios o ideas similares y otra, muy diferente, es sobrellevar la agresividad, la indecencia y los ataques de los competidores. Si en ese proceso de supervivencia no somos capaces de soportar esta carrera de larga distancia, estaremos muertos, si no conocemos con perfección nuestros límites, también estaremos muertos y si no sabemos adaptarnos a los cambios o rectificaciones del propio mercado, también estaremos muertos.

Es verdad que el mercado es muy versátil, que ofrece diversas alternativas y es abierto a todo el mundo. Pero de ahí a suponer que todos han llegado donde están por merecimiento es un equívoco que puede llevarnos a no entender del todo dónde estamos. Tienen mucho valor las ideas que se presentan como alternativas a las ya existentes, así como son menos aceptables aquellas que emergen para eliminar a las que están en su momento de debilidad, para ocupar su lugar.

Por lo tanto, según entiendo, queda un elemento importante para imponer nuestro producto al mercado y es la integridad. Un gran empresario latinoamericano con quien pasé el fin de semana me miró y me dijo: “Triunfar o no depende de la persona, de su integridad”. Pareciera que no, pero sólo aquellos que defienden su idea sin perder la personalidad, los principios humanos son los que llegan al éxito. Es probable que otros lo consigan, pero convertirse en otra persona por el camino, sólo por conseguir un éxito material, no es triunfar.