martes, 26 de noviembre de 2013

La soledad del problema

Si las cosas se tuercen, todos se desentienden.

La soledad del problema
@morguefile
Cuando surgen los problemas desaparecen los apoyos. Ésta es una frase categórica que se repite siempre que una persona, sobre todo a consecuencia de sus compromisos comerciales, empieza a pasar dificultades. Es verdad que en esta vida nada es sistemático, de vez en cuando quedan algunos pocos dispuestos a echar una mano. Pero por lo general, los incondicionales en momentos de bonanza, desaparecen sin dejar rastro. 

Si eso ocurre, el empresario debe asumir los problemas en solitario. Deja de dormir, sus horas de descanso se transforman en pesadillas, salta del sueño en mitad de la noche y en lo único que piensa es en el problema, en las personas con las que debe cumplir. Si se deja llevar por la ansiedad, los fines de semanas se reproducen el nerviosismo y el desasosiego; ya está cerca el lunes, cuando debe someterse de nuevo a todo lo que ha venido padeciendo.

El compromiso con el semejante, los empleados, suele ser el más difícil de sortear. En el momento de cerrar la empresa por motivos económicos, los trabajadores también sufren las consecuencias de la decisión. Cada cual lo asume a su manera, con resignación, con impotencia, con violencia, unos pocos. ¿Cuántas veces no se habrá visto la impotencia del empresario al estar siendo agredido por sus ex empleados y no poder tomar medidas? Algunos buscan la peor manera para ofender al negocio, recurren a la difamación, las mentiras, los malos modos, y pocas veces se puede hacer algo para remediarlo.

Para sortear este momento de dificultad, siempre tengo presente tres elementos muy importantes:
- Estar en paz con uno mismo. Es complicado conseguirlo cuando se asumen los compromisos empresariales como personal. Al hacerlo es muy habitual encontrarse con la falsa idea de que uno no vale para nada, que todo ha sido consecuencia de la propia ineptitud. Estas son las primeras cosas a franquear; se debe recuperar la autoestima y reconocer las virtudes personales. El propio hecho de haber puesto en marcha una iniciativa comercial es una señal de fortaleza, verlo como un valor ayuda a anteponer lo positivo a lo negativo.

- No asumir los compromisos corporativos como algo personal. Nunca se debe perder de vista que todos los compromisos asumidos a nombre de la empresa es una obligación corporativa. Es verdad que alguien responsable suele buscar un refugio en su honestidad para comprometerse con las obligaciones, pero no se puede asumir la carga corporativa como algo personal, porque eso acaba sumiendo a la persona en un estado depresivo innecesario.

- Confiar en la honestidad de las acciones. Está demostrado que nadie, en su sano juicio, crea los problemas voluntariamente. Por lo tanto, haber llegado a donde se ha llegado sólo debe considerarse como una consecuencia lógica del mercado o de la incapacidad del negocio para sobrevivir a sus costes. Eso se consigue estando seguro de que nada de lo ocurrido se debe a un acto deliberado de la persona.


Si se logra analizar el problema desde este punto de vista, es un buen comienzo para superarlo sin sufrir ninguna consecuencia psicológica.