martes, 31 de diciembre de 2013

El desgaste de la restricción

Cambiar de hábito no es tan malo.

Son incalculables los cambios de hábitos generados por esta crisis económica. O dicho de manera más disciplinada, el desgaste
el desgaste de la restricción
imagen. morguefile.com
derivado de no tener lo que se tenía antes diseña un nuevo mapa de vida social, cultural y económica. Se mire hacia donde se mire, se aprecia el cambio de conducta de personas que no hace mucho poseían todo tipo de privilegios, pero que actualmente deben conformarse con restricciones del tipo de consumo, acceso a ciertos tipos de círculos o debe renunciar a su vehículo privado para valerse de transporte público, a pesar de los ajustes experimentados en este sector. Incluso la emigración ha cambiado de perfil por el desgaste de la restricción.


Las restricciones presupuestarias no sólo están mermando la capacidad de crear nuevas iniciativas comerciales, sino que está marcando una nueva forma de adaptarse a la realidad económica de cada familia o cada persona, diseñando así un nuevo mercado de consumo. No necesariamente dejamos de consumir productos, sino que ahora lo hacemos con criterios diferentes, escogemos del mercado aquellos artículos o condiciones que mejor se adaptan a nuestras posibilidades. Muchos se entregan a la desesperación por encontrarse en un terreno que nunca habían imaginado. Tampoco debe ser ese el camino a seguir. En ese cambio del que hablamos, algunos incluso han modificado su sistema de relacionarse con el trabajo, y en lugar de acudir hacia él ahora lo trae a casa. Y les va estupendamente.

Para ilustrar esta situación, pondré un ejemplo personal, que me ocurrió no hace mucho tiempo cuando, obligados por la crisis, mi socia y yo mismo, echamos el cierre a una de nuestras empresas y nos sometimos a los efectos de ese cierre. Después de disponer durante años de la conexión completa de Internet, que permite navegar sin restricciones, hubo unos meses donde no podía permitirme este privilegio, por lo que mi acceso a la red se reducía a una conexión USB contratada por tamaño de descarga. Esta circunstancia me llevó durante un tiempo a medir considerablemente mi presencia en Internet, porque de lo contrario gastaba muy rápido el crédito y en el momento que más lo necesitaba no disponía de conexión. Pero lo más curioso me ocurrió cuando recuperé mi acceso sin limitaciones a Internet. A pesar de disponer de la conexión completa, seguía controlando mi presencia en la red, como si estuviera obligado a hacerlo. Vivir aquella situación me había forzado a cambiar mis hábitos, no sólo en el ámbito de Internet, sino en muchas otras áreas de consumo. Lógicamente, algunas personas volverán al modelo anterior de consumo o al ritmo de vida del pasado, pero muchos no podrán permitirse ese privilegio. Según un artículo publicado en un periódico hace unos meses, la población de entre 25 y 50 años perderá un 18% de efectivos en 2022. Dato suficiente para entender dónde estábamos, donde nos encontramos y a dónde nos lleva esta situación económica. 

No hay mejor manera de afrontar el cambio que adaptándose a sus consecuencias.