martes, 18 de febrero de 2014

Los gigantes nos ahogan

¿Quién nos defiende ante las grandes compañías?


Los gigantes nos ahogan
@morguefile
Es natural que en una sociedad estructurada sobre valores materiales, a veces nos encontremos con noticias como la aparecida no hace mucho en los periódicos sobre Facebook y su tiranía con los usuarios. De hecho, sin ir más lejos, en cualquier ámbito de la vida es habitual constatar la diferencia entre lo individual y lo corporativo, entre el grande y el pequeño, que evidencia las posibilidades de cada cual. Me refiero al trato abusivo que crean las dimensiones de las estructuras sobre las personas individuales, de cuántas veces los gigantes nos ahogan.

Por alguna razón, que no se explicarme con objetividad, existe una indefensión real del individuo cuando se enfrenta a las grandes compañías, casi en cualquier terreno, ya sean las eléctricas, el transporte, Internet, etc. La presión que ejercen estas grandes corporaciones no tiene límite, genera una pesada incapacidad para actuar contra ellas de forma individual. Por poner un ejemplo sencillo diré que, en estos días, padecí la aplastante realidad de las normas de Google para con sus usuarios. Una mañana cualquiera recibí una carta de Google Adsense comunicándome que inhabilitaban mi cuenta como soporte de publicidad. “No podemos proporcionarle mucha información sobre la infracción específica”. Decía la carta y me exigían rectificar, eliminando toda la recaudación que llevaba hasta ese momento. La discusión no gira en torno a si tienen razón o no, seguramente la tienen, pero sí sobre la falta de herramientas para defenderse, para recurrir ese tipo de decisiones. Estaría bien conocer las bases sobre la que actúan.


Enlaces relacionados

La tiranía de los clientes
¿Estás donde quieres?
El poder oculto de Internet
¿Tiene límite la desfachatez?
La familia y los males sociales

A mi entender, al menos en este caso, es imposible defenderse, porque no existe ninguna forma de hacerlo, simplemente los derechos se diluyen en un limbo que nadie puede explicarse ni puede hacerle frente. Entiendo que debe existir una norma para controlar la picardía de los tramposos que buscan recaudar de cualquier forma por sus anuncios, pero ¿qué pasa con los que no buscamos eso? ¿Dónde está el límite?

Algo parecido ya había sufrido con anterioridad en Facebook, cuando algunos usuarios me pidieron que les agregara como amigo, y cada vez que lo hacía Facebook me suspendía, hasta convertir mi espacio en una página estática que no podía invitar a nadie a sumarse a su lista de contactos.

No hay mucho más que decir sobre el tema, simplemente asumir una acritud impotente que bien puede ser producto de mi ignorancia o de mi falta de pericia, que no soy capaz de explicarme.


 Si te ha gustado este artículo, compártelo. Gracias.