lunes, 6 de enero de 2014

¿Y si pierdo mi trabajo?

No debemos entregarnos al pesimismo.

imagen de morguefile.com
El buen entendimiento entre el individuo y su puesto de trabajo suscita certidumbre y una capacidad espontánea de pensar con objetividad. Por eso la ruptura de ese vínculo suele propiciar el distanciamiento de la persona de su entorno, en todos los sentidos.  Pero siempre hay un preámbulo para todo, donde la persona presiente que puede ocurrir algo y se pregunta: ¿y si pierdo mi trabajo?


Por regla general, si se está mucho tiempo en ese impás, calculando y analizando la posibilidad de dejar de hacer lo que se está haciendo, cuando se pierde el trabajo, lo primero es distanciarse. Le cuesta albergar optimismo, se retrae de los contactos personales, se instala en un aislamiento progresivo donde todo parece inevitable, hasta la propia decadencia física y espiritual. De un mundo abundante en contactos y amistades se pasa a la soledad donde se lucha con uno mismo. Sin un esqueleto psicológico suficientemente fuerte y estable, existe verdadero riesgo de perder la integridad, con el consiguiente empobrecimiento de la imagen exterior, lo cual elimina cualquier actitud de superación.

El derrotismo es sumamente perjudicial a la hora de presentarse, por ejemplo, a una oferta de trabajo. Con una actitud abatida es improbable convencer a que alguien haga su apuesta laboral por nuestra propuesta. Pero ese es un estado inevitable si no se sabe luchar contra el pesimismo; lo cual impide recuperar la fortaleza y volver a creer en las virtudes propias. El siguiente paso atrás en ese retroceso será la pérdida de contacto con el entorno. Estar instalado en la pasividad conlleva perder de vista los cambios, los nuevos recursos, las nuevas puertas de acceso al mundo laboral. Cuando se toma la decisión de ponerse en marcha después de la inactividad pesimista nada será igual como lo dejamos, los códigos que se manejaban entonces ya serán obsoletos y, probablemente, la necesidad no nos permita reeducarnos para la reinserción.

El campo laboral es un ámbito en constante evolución, las empresas y los trabajadores conforman un entramado contractual cada vez más fácil de identificar. A mi entender, esta sociedad ha alentado dos perfiles de profesionales bien visibles, como son los especialistas y los no especialistas. Lógicamente los analistas laborales podrán identificar más perfiles intermedios, pero nuestro objetivo no es definir rasgos profesionales, por lo tanto miraremos exclusivamente a estos dos sectores.



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Estando en uno u otro grupo, es de vital importancia ser honesto con uno mismo. ¿Eres profesional o no lo eres? Esa honestidad ayudará a reconocer el punto fuerte y concentrase en él, para no rebuscar en otras áreas donde la falta de experiencia y de conocimientos disminuirá la posibilidad de triunfar. Si una persona ha estado trabajando en un área en concreto, como puede ser la mecánica o la hostelería, y ahora se encuentra en el peor camino para retomar esta vía laboral, ¿qué debe hacer? ¿Formarse? Esa sería la primera recomendación de cualquier consejero de inserción laboral. Sin embargo, esa aparente mejor vía de transformación tiene varias dificultades. Lo primero, es probable que para muchos encarar un proceso de formación resulte imposible, partiendo de que consume mucho tiempo y las necesidades familiares no permiten disfrutar de la suficiente tranquilidad para formarse. Otros tendrán la barrera de la edad que no le abre ninguna perspectiva; y así un sinfín de circunstancias y realidades. Mi recomendación es asomarse al interior de uno mismo, rebuscar en los cajones donde hemos ido acumulando un conglomerado de estrategias, recursos, apoyos profesionales.

Llega el momento de reinventarse con los conocimientos acumulados, aprovechando las sinergias. Quizá uno carezca de las herramientas, otros las tendrán, o no tenga los contactos adecuados, otros los tendrán, o desconozca las áreas laborales donde poder reinsertarse, otros las conocerán. Pero para conseguir ese apoyo externo, se debe partir del reconocimiento interno. llega el momento de tener Interés Productivo.