lunes, 7 de octubre de 2013

Decálogo para innovar

“Me gusta mucho lo que escribes, pero ¿puedes ser más concreto?”. Me comentó alguien hace unos días. A medida que aparecen artículos sobre el emprendimiento y la innovación, casi de manera proporcional crecen las demandas de concreción a la hora de establecer un mapa de actuación medianamente seria para innovar. A continuación propongo un pequeño decálogo para innovar. No será suficiente ni pretende convertirse en una biblia del éxito.

Decálogo para innovar
@morguefile
El innovador debe crear sus propias reglas. Otra cuestión diferente es seguir los procedimientos legales o cumplir con las cargas impositivas derivadas de esa propuesta, que estarán sujetas a los requerimientos de las administraciones que lo controlen.
Por lo tanto, mi primera recomendación es:

Crea tu propio camino. Ya hemos hablado un sinfín de veces aquí de lo pernicioso que resulta seguir los caminos que han seguido otros, porque cada propuesta tiene su propio ADN y es imposible repetir ni copiar procedimientos o estrategias a la hora de proponer una idea al consumidor final. De lo contrario no sería innovación.

Sé feliz con lo que haces. Esto es vital, porque la grandeza de tu propuesta será proporcional a la felicidad derivada de su ejecución. Y si el emprendedor está contento con lo que va consiguiendo con su acción, el entorno que finalmente lo consume, también lo estará, llevado simplemente por la inercia positiva, por el optimismo percibido.

No te aflijas por nada.  En una reunión informal sobre niños de alta capacidades, uno de los presentes levantó la mano y dijo: “Sólo espero que mis hijos no se den cuenta de lo mal que lo estamos pasando, porque si lo hacen acabarán tan amargados como yo”.  A veces es inevitable, pero en lo posible hay que evitar amargarse por losresultados adversos de la acción.

Sé oportunista. No en el sentido de aprovecharse de los demás, sino del momento. Tener capacidad para prever lo que va ocurrir en el sector donde se va actuar es la mejor estrategia, porque permite plantear propuesta por adelantado. Así cuando algunos planteen sus estrategias para cubrir las demandas, las tuyas ya llevarán ahí el tiempo suficiente para ganar su propio público, de ese modo se maneja mejor las preferencias del entorno.

Cultiva la honestidad. Esta palabra no está estrictamente vinculada al dinero; es mucho más importante aquella generada con uno mismo, formulando procedimientos que no promete ni demanda más de lo que represente su propia naturaleza. Una propuesta creada a partir de la honestidad personal es mucho más creíble y más fácil de aceptar.

Estar en paz con uno mismo. Se llega a esta posición habiendo superado todos los puntos anteriores. El sentimiento de haber llegado al objetivo sin nada de lo que arrepentirse ni deudas pendientes con nadie, en términos personales, es extraordinario. Desde luego nunca estaré de acuerdo con aquellas propuestas que triunfan habiendo aplastado a otras o habiendo impuesto sus reglas sin considerar las de otros.

No entusiasmarse excesivamente. Cuando las cosas van bien, una fuerza maligna empuja a proponer ideas sin concretar. La euforia por conseguir un objetivo suele llevar a comentar como hechos ideas aún sin definir, lo cual genera expectativas que acaban arruinando todo lo logrado hasta entonces.

Entiendo que a partir de estos puntos nadie podrá volverse rico ni conseguirá un éxito extraordinario, pero nunca debe dejarse de lado los aspectos personales que están asociados a una propuesta de innovación. Es ese factor personal lo que le dotará de autenticidad y le dará cuerpo para interactuar con el entorno que lo consume.