miércoles, 16 de octubre de 2013

El futuro de las pequeñas empresas


La mejor forma de valorar una realidad es, indefectiblemente, partiendo desde dentro. Porque se adquiere sensibilidad a partir de las acciones que lo mueven para bien o para mal. Por lo tanto, se debe ver el futuro de las pequeñas empresas recorriendo, al menos, tres puntos de la realidad que atraviesa actualmente esta sociedad: por qué está ocurriendo, quiénes lo están sufriendo más y cómo se saldrá de la situación.

pequeñas empresas
@morguefile
En estos días ya hemos empezado a leer artículos especializados en algunos periódicos, que hacían las primeras valoraciones sobre la recuperación macroeconómica, sin mencionar las consecuencias del proceso en término de la microeconomía.


Cuando un médico empieza a trazar los ejercicios de recuperación de su paciente es, primordialmente, porque está viendo la mejoría. Sin embargo, lo extraño aquí es que nadie ha visto nada aún. Lo que sí está complemente claro es que existe la posibilidad de una recuperación macroeconómica, en los plazos anunciados. No obstante, cabe preguntarse ¿cuándo ese cambio repercutirá en la economía de base? Me refiero a las economías familiares, en la microeconomía.

El principal problema de esta crisis, según entiendo, es que la suma de todos los desajustes económicos ha arrasado con las reservas personales de mucha gente, llevándose consigo los recursos y, sobre todo, el poder adquisitivo que mantenía al tejido de pequeñas empresas. Lo cual repercute de forma directa en el consumo, provocando la descapitalización de las propuestas comerciales, digamos, de barrios. Por lo tanto es fácil de entender por qué se ha producido esta situación, que se ha llevado consigo a un sinfín de pequeños emprendimientos que se han encontrado sin posibilidad de inyectar el capital necesario a su negocio para mantenerlo en pie.


Por otro lado, es complicado definir quién sufre más. Por lo visto a nadie le queda claro, sobre todo a la sombra de los análisis que a diario tratan la realidad de la banca y las grandes empresas, dejando de lado a los pequeños emprendimientos. La debilidad financiera de las pequeñas empresas se transmite de una a otra, porque un centro de actividad comercial de pequeña escala es el motor de muchas otras iniciativas que también van cayendo según caen sus fuentes de ingresos. Por eso quizá sea más complicado abordar esta realidad, porque es imposible establecer un punto de partida, o un sector en concreto, pues se mire donde se mire, existe una necesidad común a todos: liquidez.

Esta dependencia que se ha creado entre las pequeñas empresas entre sí, entre proveedores y clientes o viceversa, crea una insuficiencia global en el sector, y cualquier cambio en esa red de negocios, ya sea por cierre o cambio de domicilio, etc., ese paso atrás desequilibra a otras empresas y dificulta su supervivencia.

Un reputado economista me dijo hace poco que no era tan fácil identificar el sector que más sufre las consecuencias de esta crisis, “quizá sean la personas particulares”, dijo. Porque los empleados se ven apeados de sus puestos de trabajo con una condicionante evidente: la pequeña empresa llega tan bajo en su hundimiento que ni siquiera es capaz de afrontar las cantidades en concepto de liquidación de sus empleados. Lo cual produce un efecto circular del problema: las pequeñas empresas se abocan al cierre por la disminución del consumo, lo cual empuja a las personas a quedarse sin trabajo y éstas restringen sus posibilidades de consumir, impidiendo la supervivencia de las empresas que acaban de dejarles en la calle.

Plantear cómo salir de este círculo vicioso es complicado, está muy bien hacer una propuesta macroeconómica y esperar a que baje hacia los sectores más débiles, pero siempre nos quedará una pregunta ¿cuántos habrán desparecido hasta entonces?