miércoles, 23 de octubre de 2013

El miedo es de mediocres


El miedo es de mediocres”, me repetía hasta lo indecible mi profesor de arte dramático cuando tuve que representar a un pusilánime. “Piensa cómo actuaría un mediocre ante la dificultad… se quedaría sin hacer nada”, afirmaba. Desde luego, el miedo es la llama que consume la voluntad de afrontar una situación nueva, lo cual, a la larga puede resultar enormemente pernicioso.
El miedo es de mediocres
@morguefile

Sin abrir la puerta es imposible saber lo que esconde el otro lado. Agarrotarse por culpa del miedo impide cruzar ese umbral que a tantos otros les ha conducido al éxito. Por fortuna, cuando hablamos de iniciativas comerciales o de emprendimientos personales, es obligatorio abrir esa puerta y descubrir lo que depara el otro lado, porque nadie puede vivir de suposiciones, sino de realidades.
No se puede vivir del: ¿qué habría pasado si yo hubiera…? Es necesario dar el paso hacia delante.

Sergio era un estudiante extraordinario, que había superado todas las etapas de formación con matrícula de honor. Sin embargo, a medida que avanzaba de nivel disminuía su participación en los eventos importantes donde antes había destacado. Se le veía con pocas ganas de participar, aportaba cada vez menos alternativas a los problemas planteados por los profesores, traía los trabajos extrañamente poco elaborados, etc. Antes de terminar los estudios medios y acudir a la Universidad, el Tutor que le acompañó en el último año le planteó acudir al psicólogo del centro. “Para ayudarte a escoger mejor la carrera universitaria”, le dijo.

Sergio respondió perfectamente a los incentivos analíticos que le planteaba el psicólogo en las sesiones. Así podían compartir momentos de verdadera amistad, elaboraban nuevas estrategias para mejorar las técnicas de análisis de las personas y muchas otras cosas de tarea común. Hubo planteamientos realmente brillantes de parte de Sergio hacia las sesiones con el psicólogo. Tanto era así que los días de sesiones se presentaba como el más productivo en cualquier área de trabajo, pero los días que no debía acudir junto al psicólogo apenas aportaba nada, divagaba por un mundo irracional que ponía de los nervios a los profesores. De ser un joven amable y servicial, Sergio pasaba a adoptar actitudes más violentas, era proclive a enfados injustificados, emitía comentarios ofensivos, completamente impropios de su nivel de inteligencia y de su capacidad natural.

La conclusión a la que llegaría aquel psicólogo que trató a Sergio fue muy sencilla: tenía miedo a la Universidad; tenía pánico a enfrentarse a lo desconocido. No lo tenía para enfrentarse a los planteamientos del psicólogo, porque los sabía manejar, era capaz de resolverlos con cierta facilidad y, además, contaba con la complicidad del mismo psicólogo, lo cual le creaba un ambiente muy favorable para emplearse en completa comodidad. Sin embargo, lo desconocido, como era el ámbito universitario, le aterraba. Sergio no era capaz de enfrentarse a la realidad futura de acudir a la Universidad. El sólo hecho de pensar en ello le generaba un estado de ansiedad que le incapacitaba para desarrollar otras tareas o para fortalecer otras áreas de su incalculable capacidad natural. En definitiva, era el miedo el que le convertía en un mediocre, aún cuando tenía cualidades pocos comunes en la mayoría de las personas de su entorno.

Por desgracia, esta historia describe la realidad de muchas personas creativas, que acaban renunciando a su potencialidad con tal de no enfrentarse a ese momento crucial para avanzar en la vida, en el proyecto, en las ideas. No creo que sea de mediocre tener miedo, pero sí no intentar superarlo.