lunes, 14 de octubre de 2013

La pobreza que acecha

“Somos tan pobres como cualquier otro”. Estas palabras son determinantes para entender en qué punto de conciencia se encuentre la persona respecto a su situación económica y cuándo será capaz de aceptar la pobreza que acecha su vida.

La pobreza que acecha
@morguefile
Según refiere un informe titulado La pobreza en España y sus comunidades autónomas. 2006-2011  en España la pobreza ha crecido un 8% en los últimos años. Tal como detalla el documento la complejidad del estado de la pobreza se puede medir en la dificultad de los individuos para acceder a los bienes y servicios esenciales para garantizar una calidad de vida digna y un desarrollo personal y social satisfactorios.
Sin embargo, no es fácil adquirir conciencia de que se ha caído tanto que sólo queda mendigar para sobrevivir. Esto se complica aún más si la persona ha sido un empresario con una realidad reciente de mediano éxito.

Todo esto viene al caso por la desgracia de un conocido emprendedor quien, hasta hace poco tiempo regentaba un negocio de barrio. Lo encontré acudiendo con su carrito en busca de las sobras de un supermercado para poder comer. Entonces me pregunté dos cosas: ¿Por qué se ha llegado a esto? Y ¿cuántos acabarán igual?

Se puede tejer infinidad de consideraciones intentando explicar los pasos a seguir para no caer en la bancarrota o para no arruinarse en la gestión de un negocio. Yo mismo he dicho mucho sobre eso, pero cuando ésta realidad cruza ante la puerta, no existen argumentos capaces de explicar la decadencia de la persona afectada. Todos los emprendimientos se sujetan en una gran ilusión. Pero si las ayudan desaparecen, los compromisos de los créditos apremian, las deudas crecen, el ataque a la base psicológica del individuo es furibundo.

Por fortuna, esta situación también está sujeta al movimiento cíclico, cuanto más tiempo pasa más cerca está el final, por lo cual sólo resta aguantar. Algún día saldremos de esta dinámica pesimista y desoladora, pero hasta entonces ¿cuántas personas deben desaparecer del ámbito empresarial? ¿Cuántos pequeños negocios deben cerrar sus puertas? ¿Cuántas ilusiones deben sucumbir en el abismo de la ruina absoluta? Nadie lo sabe. Todos nos figuramos que crisis anteriores habrían tenido las mismas consecuencias, pero como la que yo vivo es ésta, puedo asegurar no haber visto jamás un fenómeno de esta naturaleza afectar tan directamente a las personas y de forma tan rápida. Es angustioso asistir a la decadencia de familias enteras, que hace poco tiempo eran propietarios de negocios familiares y ahora se han quedado sin nada.


Los entendidos saben diferenciar entre la pobreza de naturaleza económicas y la relativa al contexto educativo. En este caso me interesa la primera, por ser la condición que se llevara por delante a mi conocido emprendedor. El otro día me dijo alguien que ésta era una gran oportunidad; el propio eslogan de Interés Productivo lo dice: “en toda crisis hay oportunidades”. Pero la crudeza del agravio de la sociedad económica con este ex empresario que rebuscaba entre las cajas desechadas del supermercado, desató en mí mayor sentimiento hacia la persona que cualquier teoría o explicaciones. Es tan profundo el desconsuelo de ver caer a alguien inmerecidamente, que las palabras sucumben, por un momento, ante los hechos. Sólo quedan lágrimas y desesperanza.