lunes, 23 de diciembre de 2013

El veneno de asociarse



El veneno de asociarse
@morguefile
A raíz de los artículos publicados en estos días en diferentes medios, donde se aconseja emprender para combatir la crisis y el paro, he creído oportuno traer aquí mi propia experiencia en la puesta en marcha de iniciativas comerciales, y hablar de la problemática de crear sociedades de perfiles varios. Es habitual considerar como primera alternativa asociarse con otras personas al plantear un negocio, con el fin de trabajar juntos en la gestión de la actividad comercial. Por ello no hay que perder de vista que, a veces, el veneno de asociarse está en la elección del compañero de viaje. Una mala selección puede acabar emponzoñando los buenos propósitos, o convertirse en una batalla legal para deshacerlos.
Antes de entrar en detalles sobre los tres perfiles que conozco, advierto que no todas las sociedades son pastos del fracaso. Sin embargo, debido a que abundan los analistas de las agrupaciones exitosas, he creído conveniente exponer aquí la otra parte, la que no suelen acabar bien.

Las tres posibilidades, las que conozco de primera mano, son:

  1. Asociarse con un desconocido tiene un primer inconveniente: se dificulta la creación de una química de gestión saludable, porque las cualidades del nuevo socio son desconocidas. A pesar de que exista una cercanía personal, habitual en este tipo de sociedades, cuando se empieza la andadura comercial afloran conceptos que dejan al descubierto las diferencias entre mantener un trato fuera del entorno económico y propiciar un escenario de continuos roces o participar en deliberaciones donde debe primar el sentido común. Por otro lado, resulta menos traumático romper el pacto entre dos desconocidos, lo cual lo hace más peligroso, porque al no existir un vínculo que obligue a mantener el contacto, la lucha suele ser a todo o nada.

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  1. Crear sociedad con un amigo tampoco es aconsejable. Si la realidad se tuerce, acabará con la amistad y quién sabe si con algo más. Los círculos se difuminan cuando la amistad se consume por culpa de una disputa legal, derivada de una sociedad construida con buenos propósitos, pero que se ha llevado por delante los recursos personales de los socios. Por otro lado, crece la probabilidad de que, en el momento menos oportuno, se tomen decisiones inadecuadas con tal de conservar la amistad, lo cual lleva más rápidamente a la deriva y a veces rectificar tiene un coste mayor.
  1. Asociarse con la pareja no es mala alternativa. El primer punto a favor es que ya existe un manejo común, donde los códigos de actuación ya han sido testados y funcionan. Además, la mayor parte de la relación de pareja se fundamenta en tomar decisiones, gestionar conflictos, asumir responsabilidades, lo cual ayuda a controlar mejor el residuo de las discusiones, porque ya existe práctica para ello. Por lo tanto, la probabilidad de que la sociedad viva, aumenta. No obstante, existe un riesgo evidente que no se debe perder de vista y es la inexperiencia, la falta de manejo comercial. Sin considerar esos aditivos la mezcla puede resultar explosiva, porque los errores repercuten directamente en la base del negocio y en los recursos de la familia. Por último, no hay que engañarse; la marcha de un negocio no puede supeditarse al sentimentalismo; si es necesario tomar la decisión de prescindir de uno de los miembros de la pareja, debe hacerse. He visto infinidad de mujeres muy capaces fracasar por culpa de un marido mediocre o viceversa. Y todo por no tomar la decisión en el momento oportuno, donde han preferido no herir a su compañero sentimental.
En el ámbito de los negocios hay algo muy presente: no todos valemos para todo; no todos tenemos las mismas capacidades para todos los emprendimientos. Es mejor darse cuenta de ello a tiempo y no exponerse al fracaso por culpa del capricho.