jueves, 19 de diciembre de 2013

La decencia ha muerto


La decencia ha muerto
@morguefile
En la situación actual, donde la mayoría de las personas se debate entre el empobrecimiento paulatino y el abandono, es imposible realizar un análisis social sin introducir el elemento político en la mesa de discusión. Y en este apartado, muy a nuestro pesar, la decencia ha muerto, sin lugar a dudas.

Lo poco que conservo de haber vivido la dictadura, la mayor parte lo intento enterrar en el más absoluto olvido, me trae experiencias que no me gustarían reanimar, como aquellas en donde la sociedad se vuelve tan corrupta como sus gobernantes. 

Entiendo que la maldad es más combustible que la bondad, y eso era lo que pasaba entonces, se encendían los ánimos hacia la desobediencia, cualquiera podía ver la indecencia en sus políticos, lo cual les proporcionaba el engañoso convencimiento de que ellos también podían delinquir sin recibir ningún castigo por ello.

En estos días alguien me decía que a partir de ahora se negaría a pagar los impuestos correspondientes a su negocio, porque consideraba indecente hacerlo, cuando los políticos se estaban apropiando de lo ajeno sin ningún rubor. Intenté explicarle que esa era el peor camino a seguir, porque si todos nos negamos a cumplir con nuestras obligaciones, pronto estaríamos en un caos sin precedente que se llevaría todo por delante. Este comerciante prefirió cambiar de tema antes que darme la razón; tal era su decepción que sólo el desacato le parecía procedente.

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Como ya hemos visto varias veces en este blog, más allá de analizar los problemas actuales como un acontecimiento externo, ajeno a nuestra propia realidad, debemos mirar los factores que nos obligan a entenderlos como una parte activa de nuestra vida. Al final, todos somos pequeños o grandes comerciales, empresarios, incluidos los políticos. Pero, por desgracia, las prioridades de la clase política se centran en sus compromisos partidistas, por lo que gran parte de sus acciones se alejan cada vez más de sus obligaciones sociales. Para algunos el excesivo compromiso con las deudas políticas le llevan a corromper la decencia por completo.

En esa carrera alocada han perdido de vista a los emprendedores, a los trabajadores, a los parados, a los estudiantes, a toda la masa social que un día les aupó en lo más alto, depositando en ellos la confianza que ahora ha muerto casi por completo.

Por todo ello, no me cabe más que calificar el momento actual como pantomima política. Y como tal, tiene poco valor como herramienta social. Pero, no todos los políticos son malos, ni todos están desvinculados de la sociedad. Ese es el verdadero brote verde de la situación actual, en algún momento los más honestos se impondrán de nuevo a los más desvergonzados.