sábado, 18 de enero de 2014

Cuán emprendedores somos



Cuán emprendedores somos
@morguefile
¿Cuánto espíritu emprendedor llevamos dentro? Si empleamos esta palabra a nivel global, aplicándola a cualquier ámbito de la vida, diríamos que todos emprendemos en cualquier momento y en cualquier lugar, porque promovemos pequeñas acciones que nos ayudan a sobrevivir, a relacionarnos o a conocer nuevos lugares. Sin embargo, si la designamos al ámbito empresarial, podríamos concluir que la cultura de la comodidad y el exceso legal o los niveles impositivos, han retraído bastante a los más creativos, convirtiendo cualquier posibilidad de acción en un riesgo aparente, poniendo en entredicho cuán emprendedores somos.

Según los últimos informes, en Europa se emprende mucho menos que en los países emergentes o en EEUU. No obstante, esta realidad no está diseñada por voluntad de los emprendedores, sino, mayoritariamente, por estrategias políticas poco identificadas con las demandas sociales. Al abordar el ámbito empresarial, las pequeñas empresas y los autónomos, se constata una viva sensación de que las políticas de los gobiernos, con independencia de su zona de influencia, se empecinan bastante en obstaculizar las pequeñas iniciativas o los emprendimientos unipersonales, asumiendo el saneamiento económico a través de normativas  o gravámenes que están, muchas veces, bastante alejadas de la realidad de los emprendedores.

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Por estas razones, podemos decir que las pymes son penalizadas por las administraciones públicas, ya que se les gravan impuestos antes incluso de comenzar su actividad. En España es imperativo que el autónomo abone su cuota desde el día que formaliza el alta, sin tener en cuenta si realiza o no algún trabajo. Es decir, está obligado ante la administración por acciones que ni siquiera supone ingreso alguno.

Para plantear una solución al problema de la financiación de las pequeñas empresas, hay que transformar las intenciones, lo cual supone luchar por conseguir que los propósitos de las propias empresas y de los financiadores caminen por un sendero común. Esto podría producirse con lo siguiente:

a. Pagando los impuestos desde el momento que se recupera la inversión inicial, lo cual permitiría acumular recursos para afrontar los gastos legales, ya que con el actual sistema, si los retrasos son reiterados, la administración pública embarga inmediatamente los ingresos, imposibilitando la capitalización de los recursos en las pequeñas empresas o en la cuenta del autónomo. 

b. Concediendo a los autónomos o pequeños empresarios, financiación con menor cargo de interés y sobre todo, con una exigencia administrativa más acorde a la realidad de las pymes. Actualmente todo el mundo habla de la necesidad de disponer fondos para las pequeñas empresas, pero por otro lado, las exigencias a la banca para el capital prestado a las pymes  se ha elevado sustancialmente, lo que imposibilita la articulación de un sistema de financiación real. 

c. Ayudando a las pequeñas empresas a establecer un control más planificado de sus movimientos monetarios. Este control contable ampliaría su fiabilidad a la hora de acudir en busca de las ayudas oficiales o de préstamo en los bancos, permitiéndoles mayores posibilidades de financiación. 

d. Formalizando actividades más abiertas al mercado, de parte de los emprendedores. Este tipo de propuestas asumirían mejor los cambios económicos, cada vez más frecuentes, y tendrían capacidad para adaptarse a las tendencias del consumo, que son dinámicos y cambiantes. Lo que es lo mismo, las propuestas deben estar preparadas para modificar su estrategia rápidamente, asumiendo la demanda de los consumidores al instante y cambiando su sistema de relacionarse con ellos, sin ningún trauma.

Por de pronto, estos puntos podrían empezar a avivar las nuevas iniciativas. Aunque muchos dirán que es hablar por hablar, porque la realidad es completamente diferente a lo que planteamos. Tampoco se le puede negar razón a quienes observan con pesimismo la situación de los emprendedores, pero al menos siempre cabe decir lo que nos gustaría tener, de lo contrario nadie lo sabría.