martes, 28 de enero de 2014

Gran negocio de emprendimiento

Gran negocio de emprendimiento
@morguefile
No por insistir mil veces, un error se vuelve acierto, ni por pensar toda la vida en una intención se hace realidad. Eso deberían de tenerlo en cuenta quienes recurren a todas horas a la palabra emprendimiento, intentando encajarla en un engañoso mensaje de optimismo. Actualmente nos encontramos en medio del gran negocio de emprendimiento, por la proliferación de programas de televisión que prometen ayudar a quienes tienen intención de emprender.

Este circo mediático se fundamenta, como mínimo, en dos flagrantes equívocos: primero, abren la posibilidad para que cualquiera, como sucede en cada programa, pueda acudir a solicitar la contribución del público con el fin de poner en marcha su negocio y, segundo, esa engañosa ayuda propicia la trivialización del concepto, llevando a muchos al más absoluto desengaño como empresario improvisado, porque, nada más conseguir la colaboración y poner en marcha su actividad, los inconvenientes consumen sus ánimos.


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Lo malo de estas iniciativas es que no contribuyen a dignificar el papel de la televisión en el fomento del emprendimiento, porque en realidad no aportan nada, simplemente viven de la euforia de ver cómo la solidaridad de los ciudadanos pone a los interesados en el camino de nuevas empresas, sin haberlos formado ni ayudado a entender el alcance de eso que tanto alientan. Sin embargo, pronto se descubre el fracaso.

La primera dificultad estriba en colocarles al frente de un negocio incapaz de dar beneficios, pero prolífico en acumular pérdidas. En ese momento los nuevos empresarios ya se encuentran solos y deben solventar los inconvenientes sin ayudas adicionales. Algunos intentan transferir la titularidad del negocio a otros, con el propósito de recuperar la inversión, o buscan abaratar la supervivencia trasladándose a sitios más accesibles económicamente, pero ninguna de esas soluciones resulta efectiva, a causa de estar lastrados por el error del planteamiento inicial.

Lo siguiente lleva al arrepentimiento por haber asumido compromisos que exceden sus conocimientos o experiencia, lo cual impide articular gestiones equilibradas o escoger el sector adecuado. Es el momento de buscar asesoramiento para, al menos, recuperar la marcha del negocio. El desconocimiento del terreno empresarial dificulta, incluso, esa búsqueda de orientación, porque es fácil acudir a la persona equivocada e incurrir en costes adicionales de difícil cumplimiento. En estos casos, al fin y al cabo se sigue invirtiendo cuando el propio negocio ya está muerto.

Todo un compendio de esfuerzos para descubrir que el negocio no es viable. Ninguna ayuda amortigua la caída por haber escogido mal el sector, o por asumir demasiada inversión sin planificar el retorno, o por actuar bajo compromisos previos que dificultan moverse libremente. La solución que muchos encuentran a este problema es recurrir a la refinanciación de la deuda, nuevos compromisos de pago que antes de entrar en el juego no existía. ¿Qué quiere decir esto? Pues que en el momento de acudir a estos programas televisivos, las personas estaban libres de deudas corporativas, pero ahora la carga de compromisos es mucho mayor que antes. A algunos no les queda más remedio que volver a sus antiguos empleos, simplemente para solventar las facturas que le ha generado un negocio mal planteado.

Por todo esto, urge entender que la situación económica actual no se soluciona animando a los parados a comprometerse en actividades que no les lleva a ninguna parte, al menos no de la manera que se está haciendo, sin proporcionarles toda la información, sobre todo aquella que advierte de la dificultad de gestionar una actividad comercial. Es innegable la necesidad de fomentar la creación de empresas, pero desde una perspectiva más realista y honesta.