miércoles, 15 de enero de 2014

No todos valen para emprender



No todos valen para emprender
@morguefile
En estos días leíamos en los periódicos que el director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), había dimitido ante la falta de apoyos financieros y políticos, poniendo al descubierto que el peso del capital humano estaba disminuyendo paulatinamente en España. A raíz de esta noticia y de la evidente contrariedad de algunos por el contenido de mi artículo titulado La mentira del emprendimiento, concluyo dos cosas: primero, nadie puede negar que muchas de las mentes privilegiadas de este país tienen mejores perspectivas en el extranjero, al menos en la actualidad, y segundo, no todos valen para emprender.

A pesar de que cada día se multiplican los foros sobre este tema, argumentándolo como una salida a la crisis, todo se debe más bien a una propaganda política que a una efectiva realidad. Es verdad que existen muchas iniciativas comerciales, pero no por ello hemos de creernos que emprender es fácil o que cualquier cosa que propongamos al mercado saldrá bien. Por una sencilla razón, no todos valen para emprender. Y para alejar el fantasma de aquellos que se consideran emprendedores pero temen quedarse fuera por una articulación maliciosa del concepto, diremos que, inicialmente, existen dos tipos de emprendedores:


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  1. Aquellos que ponen en marcha una propuesta comercial para cubrir la demanda del mercado, aprovechando las pequeñas oportunidades que van descubriendo las tendencias de consumo o los movimientos sociales. Éstas suelen llevar consigo una minuciosa planificación, así como un entramado de recursos cualificados o, lo que podíamos denominar, un aprovechamiento exhaustivo del capital humano, hasta convertirse en una empresa de largo recorrido. 

  1. Quienes se ven obligados a concertar iniciativas económicas para sobrevivir, propiciando, eso sí, de forma ponderable, sus propios puestos de trabajo. Estas propuestas suelen nacer de la propia necesidad, de la búsqueda constante de alternativas para no quedarse descolgado definitivamente del mercado laboral.
No se trata de darle más validez a uno ni a otro, simplemente reconocer las dos tipologías. El segundo tipo suele localizarse en el sector del consumo de primera necesidad, por lo que los negocios están más expuestos a posibles contratiempos, debido a la alta, y a veces desleal, competencia y porque los recursos son mucho más escasos, incluso la línea de financiación en casi inexistente.

Sin embargo, el primer grupo ofrece un mayor recorrido, porque su estructuración se debe a una demanda real del mercado. No son actividades que nacen de la necesidad de hacer algo por hacer, sino debido a la existencia de un reclamo que prácticamente les garantiza la consolidación. Ésta es la razón por la que se aprovecha mejor el capital humano, porque existe la posibilidad de invertir en una fuerza de producción bien formada, en recursos humanos con alta concentración de conocimientos y sistemas de aplicación de las cualificaciones, para crear valor añadido en la sociedad que los acoge.

No obstante, y por desgracia, España está sufriendo continuas deserciones de su masa de capital humano, porque las condiciones para un profesional altamente cualificado son mucho mejores en el extranjero. Por lo tanto, poco a poco pero sin descanso, se va perdiendo esa riqueza que tanto tiempo y dinero ha costado conseguir. En este tema es recomendable no hacer mucho caso a la literatura, y conocer la realidad de un emprendimiento. Alguien me decía en un encuentro que quizá lo difícil no sea conseguir el crédito inicial, sino tener recursos para mantenerse y devolver ese crédito en tiempo y forma, porque no existen negocios que garanticen beneficios desde el primer día.