miércoles, 5 de febrero de 2014

El sexo en las empresas

El sexo en las empresas
@morguefile
No se dejen llevar por el título del artículo, porque les aseguro que no hablaremos de relación sexual, sino cuánto pesa el sexo en las empresas y cómo lo valoran quienes deciden. Todo se debe a la visita realizada esta semana a un amigo que acababa de abrir una empresa familiar. Me llevé una gran sorpresa al comprobar que todo su equipo de trabajo estaba conformado por hombres, cuando la actividad que desarrollaba era perfectamente idónea para mujeres. Su argumento fue contundente: las mujeres son más proclives a estar de baja que los hombres, dijo. ¿De dónde proviene esta diferenciación poco objetiva del esfuerzo o del compromiso? Queramos o no, está ahí, latente en cada selección de personal de las empresas.

Según comentan los entendidos, la desigualdad entre sexo beneficia a la economía, porque ayuda a las empresas a tomar decisiones más racionales a corto plazo, donde deben evaluar los posibles contratiempos en términos de frecuencia de permisos, de exposición al esfuerzo, etc. Se puede estar o no de acuerdo con esto, pero es lo que determina el propio mercado y, consecuentemente, la línea que siguen los responsables de contratar al personal laboral.


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Por mi parte diré que, ese ordenamiento poco objetivo explica cómo, en muchos países, el número de mujeres que va a la universidad supera ampliamente al de los hombres, lo cual determina una masa social mucho más formada, pero el sueldo que perciben es 45% menos que ellos. Por desgracia, las decisiones económicas corporativas aún son reflejos del arranque masculino. Por lo tanto, aun habiendo más mujeres en las universidades, nuestro mercado laboral apenas absorbe a la mitad de ellas, en proporción a la contratación de manos de obra masculina.

Por otro lado, como ya hemos dicho muchas veces, está demostrado que las mujeres sacan mejores resultados académicos que los hombres, pero casi no ocupan cargos directivos o muy pocas logran poner en marcha su propia empresa. Y si miramos los puestos de trabajos donde ellas realizan las mismas tareas que ellos, no sorprende encontrar que ellos ganan más que ellas. ¿Es esto razonable? Me temo que no. 

“Díselos tú, que eres hombre y te hacen más caso”, me solía decir mi socia cuando debía resolverse un conflicto interno. Ella no estaba quitándose de en medio ni menospreciando su aportación en la empresa, simplemente era realista y estaba considerando la posibilidad de resolver los problemas de inmediato. Esto sí es más cultural que económico.

Volviendo al argumento de mi amigo empresario, debo reconocer que existe una verdad indiscutible en su razonamiento, no en lo referente a la propensión de las mujeres para pedir permiso, sino en que muchos empresarios piensan lo mismo. Naturalmente, no se les puede culpar de ello, porque las estructuras jerárquicas están diseñadas de esta manera, donde los hombres, hasta hace poco, al menos en nuestra sociedad, mantenía económicamente a la familia y las mujeres se ocupaban de la casa. Eso es lo que lleva a que un responsable de recursos humanos se plantee, ante la necesidad de contratar para un puesto de trabajo, si un hombre estará menos expuesto a acudir en ayuda de las necesidades familiares a corto plazo o no.

Por lo tanto, si alguien sostiene que ya estamos equilibrando la balanza en términos de igualdad en el mercado laboral, yo le diría que no tiene razón. En muchos sectores, ni siquiera se ha planteado esa igualdad y aún se priorizan las apreciaciones de género a la hora de contratar.