lunes, 3 de febrero de 2014

¿Tiene límite la desfachatez?



¿Tiene límite la desfachatez?
@morguefile
Rotundamente, no. El umbral de la desfachatez política está tan bajo que cualquiera puede cruzarlo sin tropezar con ningún impedimento ético o moral. Y su repercusión en nuestra realidad social, es cada vez más perniciosa e inquietante. Por eso cabe preguntarnos: ¿Tiene límite la desfachatez? La mejor forma de consultar la radiografía de esa falta de escrúpulos es desde la imperiosa necesidad de asistencia social, cuando la escasez obliga a mover las piezas públicas para acceder a las ayudas o a los recursos oficiales, que tanta polvareda levantan a su paso por los titulares mediáticos, pero que tan poco contribuyen en el bienestar de los ciudadanos.

Intentar separar la realidad social del mundo empresarial o del emprendimiento es imposible, porque el núcleo de actividad de la que se alimentan los grandes déficits sociales es, justamente, del sector más vulnerable de la población, es decir: las pequeñas y medianas empresas, y las familias.

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Acudamos a un hecho real para entenderlo mejor. Un empresario, dueño de dos empresas hasta hace dos años y que a día de hoy está en la ruina más absoluta, sirve de mapa para hacer un recorrido descriptivo de esto que tanto nos preocupa. Veamos la cronología completa para comprender mejor hasta dónde llegan los tentáculos de la mediocridad política.

El mencionado empresario, acuciado por la necesidad de alimentar a sus tres hijos, solicitó una entrevista con la oficina de asistencia social el pasado mes de diciembre; le concedieron la primera cita el día 8 de enero, y le convocaron para presentar los papeles, con el fin de valorar su situación, el día de ayer, 3 de febrero. Su próxima entrevista está fijada para principios de abril.

Hagamos números. Desde el momento que nuestro personaje decide acudir en busca de ayuda, una señal evidente de urgencia, necesita cinco meses para poner en marcha alguna gestión a su favor, siempre y cuando supere la barrera mínima de ingresos. ¿Es esto razonable? No. En ese tiempo los niños ya habrán pasado hambre, o los gastos mínimos de manutención del hogar ya habrán superado lo tolerable. Esa es la verdadera discusión social, y no la tan promocionada recuperación económica que anidan en los medios de comunicación.

Sin embargo, el mal no acaba en los plazos inevitables para recibir las primeras ayudas. Lo que realmente importa, al parecer, es que los demandantes de ayuda acudan a la primera cita, para generar una ficha estadística que luego los políticos utilizan para incrementar la cantidad de asistencias que prestan estos centros. Por lo visto, ya no importa tanto cuándo vuelven los interesados a entrevistarse con los asistentes sociales por segunda vez, ni cuándo se pone en marcha la gestión de sus peticiones.

El último dato revelador lo aporta el mismo empresario, de quien venimos hablando en este artículo. No salía de su asombro, según me comentó, cuando le informaron que la solicitud de ayudas especiales, una vez cumpliera los requisitos de ingresos económicos, la administración pública tardaba unos 18 meses en resolver. Es decir, si una persona está al borde de la quiebra personal y familiar, acude a solicitar esta ayuda, una mísera limosna en término económico, debe esperar un año y medio para saber si se la conceden o no. ¿Y cómo sobrevive mientras tanto? No existe ningún recurso legal ni una ventanilla habilitada para reclamar estas deficiencias.

Con estas dos pinceladas no quiero culpabilizar a los trabajadores de estos centros de asistencia social, sino dejar el foco sobre los políticos y los responsables sociales que no dudan en enviarnos mensajes que, casi nunca, se ajustan a la realidad.